Fotografía cedida por el autor ©
Cenedith Herrera Atehortúa
Nació en Medellín, en 1981. Es historiador por la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín.
Algunas de sus ficciones han sido publicadas en Generación de El Colombiano (2011 y 2025), Revista Universidad de Antioquia (2021-2022) y Cuadernos del Hipogrifo [Revista de literatura Hispanoamericana y Comparada, editada en Roma, Italia (2021)]. En 2025 Prosas de hormiguero, obra aún inédita de la que proceden los textos que adelantamos, obtuvo el XXIV Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus; El tiempo y otras despedidas fue ganador de la Convocatoria Pública a la Creación y Circulación del Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia en 2018; su cuento “Espera” obtuvo mención en el Tercer Concurso Nacional de Cuento Generación 2011 de El Colombiano. Telúrica [Revista semestral de Poesía. Colectivo Nuevas Voces de Medellín] publicó en 2022 algunos de sus poemas.
En la actualidad, se desempeña como Líder de Patrimonio de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín para América Latina, adscrita a la Alcaldía de Medellín.
Canción para el silencio de los tardígrados
No sabemos en qué momento justo, todo quedó en silencio como antes; en nuestro mundo microscópico las noticias del macro mundo suelen llegar con retraso, así que ya llegará la hora. Sabemos sí, por la voz de nuestros hermanos que habitan en el musgo, que todos los insectos también cesaron sus cantos y que las noches ya solo las habitan las estrellas y el viento. Por ellos supimos también que no hay otros animales, por eso no volvimos a gustar de sus sabores… En algún punto la tierra ha quedado sola y respira, tranquila, regresando al verdor del primer paraíso terrenal.
¿A dónde se han ido el hombre y sus máquinas de guerra? ¿Por qué los niños ya no ríen, ya no juegan? ¿Qué fue de las historias de los viejos? ¿A dónde se ha escapado la belleza de sus mujeres?
Al silencio siguen siempre las palabras, todo lo nombrado se crea, por ello nosotros los tardígrados nombramos con sus nombres las cosas conocidas para que, tal vez en un golpe de suerte, todo regrese a ser como antes.
Guía para pasear por un hormiguero
Recordará que se le había indicado ya que fuera hormiga: adelante, adopte de nuevo esa maravillosa forma y acompáñeme a dar un paseo. Al hormiguero podrá acceder desde diferentes puntos, cada uno de ellos orientado según la rosa de los vientos. Pero habrá siempre una entrada que conectará con todas las galerías del recinto. La primera de ellas está destinada a aquello que ya no tiene oficio conocido; más que un basurero, se trata del lugar de las cosas olvidadas.
Pasando al siguiente sustrato encontraremos varias cámaras para tomar descansos: no olvide que las hormigas hacen pequeñas siestas que aseguran su productividad diaria; allí están dispuestos cómodos asientos y néctares de variados sabores y colores para asegurar una balanceada dieta. Hay toda variedad de juegos y libros con historias para hormigas. Además, allí podrá jugar al amor o a la amistad, según sea su deseo del instante.
Avancemos pues al gran salón, destinado a los bailes y a las reuniones del hormiguero —son las hormigas sociales por excelencia y hay estudios de toda naturaleza en los que los humanos han tratado de aprender de sus habilidades de grupo—; y muy cerca, se encuentra la cámara de la reina, madre de toda la prole.
Al fondo, alejado de todo contacto con depredadores —en el centro mismo de la tierra-hormiguero—, está el nido que guarda la continuidad de la especie; verá que se asemeja a un campo de algodón listo para la cosecha, a un cielo con pequeñas nubecillas blancas. Allí, las hormigas cantan nanas a los huevecillos, canciones para alegrar el corazón y el espíritu de cada nueva hormiga, que hablan del peso y valor de cada uno de los granos que componen el hormiguero y narran la llegada de los primeros padres.
Regrese cuando quiera. Siga la luz; la luz le indicará la salida de vuelta. Yo me haré uno con el hormiguero, una corriente de fuerza que llegue hasta lo más profundo.
Instrucciones para morder una manzana
Se trate o no del Pecado original, debe cuidarse el comensal de tratar con serpientes. Tome la manzana con la mano diestra o con la siniestra —según el caso— y lávela con abundante agua; de preferencia, no retire la cáscara para que pueda disfrutar de las texturas en todo su esplendor; verde o roja, es su decisión, de acuerdo con el sabor que quiera regalar a su lengua: ácido para el primer caso, dulce para el segundo, de ahí que la manzana sea el fruto del Árbol de Conocimiento y se le conozca desde el origen como libre albedrío.
Muerda a buen ritmo, como se suele mordisquear el cuerpo de la amada y disfrute cada trozo como disfrutaría del regalo de su desnudez. Al terminar de amarla, plante sus semillas en un buen suelo para asegurar la continuidad de la especie.
Una mantis religiosa triunfa como bailarina de ballet
Plié. En la academia de baile, los insectos se agolpan para ver la función de la mantis, quien hoy estrena su más reciente pieza de ballet, una suerte de historia en la que ella no devora la cabeza de su amado y, al contrario, ambos parten en un viaje alrededor de los pastizales de la tierra, a devorar el mundo.
Relevè. Se amaron a primera vista. Él, un importante empresario del mundo del espectáculo, la conoció en París, cerca de los Campos Elíseos, cuando ella ya era famosa y se le dedicaban páginas enteras a sus dotes fantásticas como intérprete de la danza clásica. Ella quedó prendada de su elegancia y garbo, y como ambos eran vegetarianos, no corrieron el riesgo de un amor caníbal.
Pirouette. Giros. Ella se hace verde en el verde de la hierba. El escenario para la pieza de hoy es la hierba. Ella gira, danza. El público de insectos se embelesa y le pide que repita una vez más la parte en la que alza el vuelo y casi toca el cielo. Ella danza y, en su trance, se siente la más dichosa mantis religiosa porque se alejó del sino de su especie solitaria.
Grand jeté. En la academia de baile, los insectos se agolpan para ver la función de la mantis, quien no actuará hoy porque alguien ha osado comerse, en el ensayo general, sus zapatillas verdes.
Instrucciones para leer un mapa
Trace una ruta después de hacerse una idea general del espacio que desea recorrer hasta llegar a su destino. Tenga en cuenta siempre que un mapa es solo una convención que no reemplaza la experiencia del viaje, así que prepárese para sorprenderse con lo que pueda encontrar en el camino.
Situé un pie delante del otro y comience a andar; mire a lado y lado de la vía para que pueda apreciar lo variopinto del paisaje y de los transeúntes. Puede detenerse en un puesto de café y observar como, por regla general, encontrará allí un par o dos de abejas —casi al borde de su propia extinción en la punta de un cigarro— y, muy cerca, a ras del suelo o en el tronco de algún árbol, la laboriosidad de las hormigas siguiendo un mismo norte. Aprenda usted de ambas, abejas y hormigas, lo que pueda servir a su humanidad y continúe la marcha a buen ritmo.
Así, casi sin darse por enterado, habrá llegado usted al lugar elegido. De regreso, dé la vuelta al mapa y desande los pasos ya dados.

