París Berlín Roma

París Berlín Roma  de Pedro Alcarria

París Berlín Roma
Pedro Alcarria
Ediciones Vitruvio, 2025
Colección Baños del Carmen

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La obsesión por
el verso justo

Por Sol Mussons

Pedro Alcarria(Barcelona, 1975) es escritor, traductor, gestor cultural y colaborador  en Radio Castelldefels. Autor de los poemarios  El dios de las cosas tal y como deberían ser y Camada, reeditados juntos por Ediciones Vitruvio, también escribe en revistas como Zenda, República Digital, El coloquio de los perros, Casapaís o Radical 3.  

París Berlín Roma, el último libro de poemas de Alcarria, prologado porÁngel Faretta, es la crónica poética de tres viajes a las ciudades que dan título al poemario que, a su vez, se divide en dos partes diferenciadas “Libro primero”y “Libro Segundo”, pero que son en realidad un solo viaje hacia el centro de la poética, la luz  y la oscuridad del autor. 

París Berlín Roma trata el rito de paso, el viaje órfico a la luz y la oscuridad del propio Orfeo; el de Cristo, cuyo descenso es la condición previa a la resurrección; el de Dante que baja al infierno en Viernes Santo en un  eco evangélico; el de Eneas que, acompañado por la Sibila, pregunta al  espíritu de su padre Anquises sobre su destino, la fundación de Roma; el de Hércules, que vence al Cancerbero para conseguir la inmortalidad y  el de Ulises que viaja hasta las puertas del Hades para interrogar a Tiresias sobre su destino. 

PeroParís Berlín Roma también trata de las luces y las sombras del poema y, en ese sentido es un libro existencial que habla además de la esencia profunda del ser, de la dificultad y el sufrimiento que produce escribir poesía porque toda canción tiene su constelación y su azufre”. El poema es fruto del azar y de la búsqueda, pero tras un tiempo de escritura, las metáforas se retuercen como los frutos del dolor. Como antes quePedro Alcarria dijera Antonio Gamoneda en el Cuerpo de los símbolos, donde profundiza en la exégesis de su poética, el autor se sienta ante el papel sabiendo que“escribe mientras descubres qué decir«. Sin embargo, a diferencia de Gamoneda o Jordi Virallonga en sus Palabras para la resistencia, Alcarria incrusta su poética en su poesía: la búsqueda de inspiración, el proceso de escritura, la construcción de metáforas, la imposibilidad de asir el poema, la conservación de la tradición para romperla, el esfuerzo y el sufrimiento implícitos en la creación porque “el poema te advierte del abismo”. La dicotomía entre el exterior y el interior, la vida normal de la superficie y el tormento de las emociones en la escritura se refleja en imágenes como “¿Vamos al supermercado o al abismo?”Sin embargo, no puede dejar de escribir. ¿Dónde acaba el poema acaba también el sufrimiento del poeta? ¿Queda el poema cerrado alguna vez? “Buscando un lugar donde desplomarse/ como una luz decepcionada/ el poema está cerrado y cuida tu verso en silencio mientras alcanzas el fondo.

La primera parte del libro, bajo el epígrafe “Un poeta busca inspiración”, titula todos los poemas, y se centra en el acto de escribir,  en la construcción del verso y en la inspiración vista como la luz que ilumina el pensamiento oscurecido por la visión de la decadencia o el horror de las ciudades; como por ejemplo, la visita que hace al campo de concentración de Sachsenhausen en Berlín, donde fueron asesinados más de 50.000 judíos, gitanos, homosexuales, prisioneros de guerra y testigos de Jehová, y cuya visión y recuerdo deja en el autor una huella indeleble. Los campos nazis se convierten así en una metáfora del pensamiento herido; es la soledad del poeta en busca de palabras, de inspiración a horas concretas del díaintentando compaginar trabajo y poesía “Porque en noches absolutas/ el poeta busca inspiración/ pero es temprano en la mañana sin espacio”. La segunda parte se compone de poemas cortos, compactos, que toman su título del primer verso y que, aún con las tres ciudades de fondo, inciden de una manera más profunda en la verdad del autor y en su experiencia interior más allá de las visitas a los diversos museos y monumentos y a la búsqueda de la inspiración de la primera parte. Las ciudades visitadas se vuelven nocturnas, a veces incluso sórdidas, trufadas de elegantes metáforas de tinte sexual y tormento internocomo en“un amanecer absoluto,/ y en un presentimiento funesto”.

Las imágenes evocan violencia, metal, heridas y muerte. El mundo se nos presenta como materia metálica o pétrea en vez de componerse de tierra y agua y es, por tanto, susceptible de oxidarse en estos tiempos de barbarie tan parecidos a la primera mitad del siglo XX, a la antigua Roma y al París de la Revolución. Podemos encontrar algunos ejemplos en “el poeta busca inspiración para destruir su mente” o “ironías que se convierten en la retórica de un dolor real/ en una cámara de tortura habitada” así como también en “no he sido visto ni derribado/ por el engranaje material/ de este mundo que se oxida”.

Si Berlín es el recuerdo de los campos nazis y el horror y Roma es el placer, la tortura y la lujuria, París es la decadencia. A pesar de sus diferencias, las tres ciudades comparten un paisaje de escombros escondidos tras la modernidad y en la que solo el deseo permanece a través de las sucesivas generaciones “porque cualquier transformación comienza,/ con el fervor estúpido de la naturaleza”.

En “Cómo explicar el arte a una liebre muerta”, que parece surgida de un bodegón barroco en una clara vuelta de tuerca a la conocida “Liebre joven”  de Alberto Durero, la muerte del animal es la búsqueda de nuevas formas del arte que ha de ser parte de la sociedad y a fin de trascender, cada verso ha de “afilar una piedra, mostrarla a la tribu”. Por otra parte, que el título vaya sin comas (París Berlín Roma) indica de manera inequívoca la unicidad de los tres viajes y señala el mismo

horror, ya sea en tiempos de los romanos, de los nazis o en una visita al Louvre del siglo XXI porque “es un error fatal abrigar esperanzas”, pero a la vez, “no puedes suprimir mi voz contorsionada” que, sin embargo, busca y encuentra “el verso justo”, en un bello juego de palabras que, en mi opinión, resume la poética de Pedro Alcarria.