Miguel Acosta

Fotografía cedida por el autor ©

 

Miguel Acosta

Nació en Tegucigalpa en 1990. Es poeta, narrador, docente universitario e investigador. Fue miembro del taller de creación literaria Clementina Suárez impartido por Livio Ramírez. En 2012 publicó un libro de cuentos titulado Un día como cualquiera. En 2023 obtuvo el segundo lugar en los Juegos Florales Equinoccio Patepluma de Santa Bárbara, en 2024 el segundo lugar en los Juegos Florales de Santa Rosa de Copán y en 2025 el Premio Nacional de Poesía Los Confines, considerado el mayor galardón de la poesía en Honduras, por su libro La luz detrás del Sol.

sobre la muralla

en la coraza del vendaval
bramamos al unísono de la noche
          atada
al destino de estos ojos
sin rival alguno
único recipiente de la tierra
antes incluso que el trigo
          lluvia fértil
que el grano
          beta de plata
incluso antes de que llegara
el mensajero de los retoños
habíamos parido la montaña
en las entrañas del cielo
cortamos la luz
medialuna del firmamento
como quien hace florecer el agua                
a raudales
            llenas las manos
único mar que la sed calma
que relumbra por dentro como el polvo del sol
que es la joya que adorna el pecho
el hechizo
la voz en racimos
el enjambre de uno mismo
                                         en el canto
viaje de noche
del alba al rocío
solo acompañados por las estrellas
alimentados por su espuma
empinamos el abismo
entonamos el grito
e hicimos harina del tiempo
para nuestras propias libaciones
nunca sometidos
como árboles que tocaran el cielo
                                     con garras de águila
que abrazaran el mundo
para moverlo con el goteo de la sangre
como hormigas que salen de la tierra
sístole y diástole vertido en las tinajas
                                   reunidos en el río
en la creación de las venas
                                             raíces  
donde corre alimentado el caballo del viento
para protegernos en su sombra
bajo el cetro de su aroma
lejos de la palabra
cargamento de la boca
pesada piedra en el ritmo de la lengua
solo invencible en las pisadas
                       en los dibujos sobre la arena

 

de qué sirve la palabra

en qué pan seré parte
de todas las noches
nos sumergimos en esta
dos veces
en busca del cántaro
en el anonimato del agua
de la casa del delegado
que pudo ser cualquiera
pero esta noche no
es otra
ya dispuesta preparada
donde siempre hemos comido
antes incluso de llegar
desde la palabra
hasta la hierba amarga
escrita en vinagre
sobre las puertas de los niños
que crecieron mejor
en la levadura del llanto
aunque estuviese prohibido
por la prisa
por la madrugada que nos deja
condenados a repetirla
cabizbajos
toda la noche

de qué sirve la palabra
qué es todo este trabajo
sino dientes afilados
por mí en aquel día
para luego comernos de memoria
los mayores primero
año tras año
sin mojar las manos en el plato
lleno de llanto
rebosante de alegría
celebremos
brindemos con las trizas del espejo
con la voz irreconocible y su eco
sin acercarnos a la risa
solo al fragmento de la lengua
alimento único 
que se reparte
como la piel que distancia
como el hambre

 

queda romper la mañana

                             en la memoria
en los ríos secos donde la vida es una
en suspenso
mientras la aurora husmea
los hospedajes de la sonrisa
la costura en caso de rebalse
margen límite
donde ya nos separamos
pero seguimos
con los ojos apretados hasta extinguirnos
alumbrarnos desde el recuerdo
página que nos dibuja y persigue
el cuerpo de narciso
                            en las ventanas
repetidas vides de la calle
nacimiento en las grietas
cada detalle de mí como un grito
                         nos sostiene
la respiración
los puntos suspensivos para el aire
                         para el viaje
al cielo que se abre ante nosotros
carga ligera
tromba marina
para encendernos
en el rumor de la tormenta