Fotografía de la autora:
Jim Platel ©
Ana Chig
Nació en Los Mochis, Sinaloa, México, el 14 de agosto de 1974. Poeta, editora y gestora cultural radicada en Tijuana. En 2012 funda y dirige la revista mensual de poesía Frontera Esquina y Nódulo Ediciones. Becaria del Programa de Estímulo a la Creación y al Desarrollo Artístico, PECDA Sinaloa 2024 en la categoría creadores con trayectoria. Poemas suyos han aparecido en revistas y suplementos culturales de México, como El Golem, Luvina, La Jornada Semanal o Círculo de Poesía, entre otros, así como en antologías publicadas en México, Estados Unidos, Chile y otros países de Latinoamérica. Ha publicado los libros de poesía Estanques de arena (Instituto Sinaloense de Cultura, 2022) y La noche sobre el rostro (Equizzero Editorial, 2010).
Estos poemas forman parte del libro Cartografía de una ciudad fragmentada,“Proyecto apoyado por el Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales” PECDA SINALOA.
Andar errante
También nosotros nos hemos cansado de las calles,
de las ciudades, de la rauda alternancia de la soledad.
Hanna Arendt
No soy quien habita el paisaje.
La franja de ternura y odio se ha disuelto,
queda una perceptible línea de temple y silencio.
Algo se deja atrás cuando no esperas nada del día,
es decir, estas palabras colocadas sin pretensiones,
ardiendo en lo inasible del amor y la derrota.
Me siento como la muchacha de tierra lejana,
inerte en su vastedad de sueños
apostando ingenuamente al misterio errante de los viajes
y la nostalgia pronta de las simples cosas.
La errancia de tus propios días
Intento ser nada, alejarme,
apenas si puedo verme colocada en ciudad luz y los abismos
estoy en el centro, punto de partida para expandir mis pensamientos,
me pregunto: ¿cómo pretender el pan, la casa, la sobrevivencia,
cómo escapar a una misma?
Ayer leí a un poeta
que escribe en bancas solitarias,
manifiesta su ínfimo deseo de partir,
evoca la muerte como un souvenir de literatura
siembra versos como si fuesen plantas de un jardín del tedio
el poeta atrapado en sus múltiples realidades del ser
apenas si puedo imaginarlo con su pulcra y llana vestimenta,
su esbelta silueta expresa como un reservado haz luminoso
que se desplaza en la errancia de sus propios días.
Así vamos todos, no algunos,
qué hacer cuando te sientes pleno
con un manojo de palabras atadas a tu puño,
cuando lo más básico satisface el ejercicio de tu persona
y los otros se apiadan cruelmente de la nulidad de tu vida.
Hacer, producir, creer que podemos elegir.
Somos una cifra prescrita por alguien más.
Seres encorvados dispuestos en el conglomerado virtual.
¿Libertad?, quién la nombra, quién aspira a su sueño,
nos han incrustado a un carril visual interminable.
Nuestros dedos van perdiendo sensibilidad,
exploran cavidades inexistentes y palabras mal escritas,
las manos se aquietan, toman forma común,
la moldura vertical de un móvil.
Evolución, masividad,
los nombres de la humanidad son todos conocidos
¿qué puede sorprenderte?
acaso el intelecto y la pose diáfana,
el discurso elocuente, ininteligible,
acaso escuchas esta música antigua,
miras la ventana al despertar,
cortas la ración de pan justa y sirves el café
dialogas contigo en soledad.
Aquí no caben palabras de otra naturaleza
el ingenio, la agudeza, tu sabiduría,
tus personajes, todos tus solitarios, despiadados héroes,
tus ciudades amuralladas, incendiadas,
reposando en el bronce de la inmortalidad
en el cansancio de tus círculos oscuros, condenatorios.
La vulnerabilidad nos entrelaza.
Hay un pistón que inyecta venenos blancos
con la precisión de un salario y jornada obligada,
la muerte ha perdido dignidad, ya no habita la sombra,
es un parámetro diario que se registra en la estrategia,
no hay orfandades reales, ni nostalgias de un tiempo pasado
observadora distante y laborable, la mirada es una
columna enganchada a una forma de evadir la realidad.
Cartografía del desarraigo
Venía de tan lejos,
un sitio inhabitable en lo cotidiano
franqueado por fisuras invisibles
a veces con pequeñas incrustaciones de corales
perceptibles desde el agua
o en los sucesivos cambios de tu escritura.
Es difícil ser egotista
evidenciarlo a diario en las acciones
mi situación de tránsfuga giró un turno
para alejarme del caudal de pedregales
había aceptado un trabajo en los cultivos del olvido
con adictos alojados
en residencias abandonadas por traficantes,
creando héroes en la oscuridad,
en cada impacto sobre la pared
regía una constelación imaginaria
desarraigo, heridas y venas agujereadas,
a veces me vuelvo triste
ando por calles y viaductos envuelta en trapos oscuros
y un grisáceo gesto en la cara,
aun así, intento ser nadie hasta que llega una moneda
de lucidez a mis manos.
Pedwest San Ysidro
Camino la noche que me he inventado
cruzo el Pedwest San Ysidro,
retorno por el breve puente de La Línea
emerge la cegadora estructura del Easy Park.
Hay un camino de luces en la ciudad,
lejanos y sombríos apartamentos,
esbeltas torres de concreto
que apenas dialogan entre sí.
La noche en Tijuana
es como un gran yonke asediado por el fuego,
un repositorio de sustancias en veda,
duro gesto no olvidado de cierto desencuentro,
“The nearness of you, baby”… cuesta ser así,
Red Garland, tuvo que sitiarse también en alguna esquina de este lugar,
púgil de manos de oro, dijo alguien,
“Round about midnight” y un trago de Whisky en el bolsillo.
Somos pugilistas de palabras, la fuerza alienante del egoísmo,
el combate continuo de contradicciones,
heridores, al fin, de la gran bestia amorosa de los días.
Una mujer en Industrial Park
…y me siento aquí preguntándome
cuál de mis yo sobrevivirá
a todas estas liberaciones.
Audre Lorde
En ocasiones me pregunto,
quién se piensa a sí misma
desde el plexo solar y la desorientación,
en desaliento de falsas tabulaciones del día,
inconforme por el temprano camino a la jornada.
Aquí todo es lo mismo,
vigilar las upday, repasar el forecast,
“los insumos se mueven de manera secuencial y lineal
de una estación a la siguiente: producir, producir, producir…
desempeño sin afán esta responsabilidad
que cuestiono y asumo como no-mía.
¿Quién protege la clandestina eternidad de las naves industriales
que prometen mantenerte a flote entre procesos, molduras y estaciones?
¿Quién oculta cuerpos,
trasgrede cláusulas, trafica con desechos minerales,
quién decide los platos tibios, grasos y baratos
que alguien más sirve para ti,
quién vigila la puerta, clausura ventanas, el paisaje
y el aroma de cercanos chaparrales,
quién te estampa la blancura de altos muros de concreto,
define áreas inmaculadas, zonas verdes de recycle
el olor permanente a resina y solventes de fibra de vidrio
con sus copos de un invierno serial
filamentos que se introducen y lesionan tu cuerpo
–de salud irreversible,
de qué manera Dios se afilia a tanta devastación humana?
Ya no busco controlar el dolor ni el miedo, exploro,
ahí donde está la inquietud de mi alma,
la angustia de mi sueldo,
también se aloja un canal visceral, difuso y mal localizado,
soy un reflejo vegetativo y motoro
que desencadena la amargura de días laborales,
su lenta longitud absuelta en los traslados
y el tráfico que en madrugada aguarda en los ejes del parque industrial.


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