Esmeralda Torres
Nació en Ciudad Bolívar, Venezuela, en 1967. Es poeta y narradora. Ha publicado los poemarios Diario para una tormenta (2013), Resplandor de pájaro (2020), La noche de los tamarindos (2023), Diario de ceniza (2023), Orfandad (2024) y Mudar la casa (2024), con el que ganó el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Mérida, Yucatán, México. Sus poemas han sido traducidos al árabe, al italiano y al griego.
Ejerció durante 30 años como como Bibliotecaria y coordinó los programas de promotores de lectura en espacios no convencionales en la Red de Bibliotecas Públicas del estado Sucre. También dicta talleres de creación literaria para jóvenes y adultos en su ciudad. Fue merecedora de las Becas de creación literaria que otorga el Centro Nacional del Libro, y en el 2011 formó parte de la delegación de escritores venezolanos invitados por la Universidad de Salamanca a la cátedra de literatura José Antonio Ramos Sucre. Es también Fundadora de la Bienal Cruz Salmerón Acosta en la Península de Araya y creadora del canal de YouTube Somari Colectivo para la promoción de escritores venezolanos.
En el 2023 resultó Finalista del Premio Casa de las Américas, mención Cuento y ha sido ganadora del Premio Casa de las Américas de Poesía 2025, con el libro Cuerpo quebrado lumbre. En julio de este año participará como invitada en el 35° Festival Internacional de Poesía de Medellín.
Te llamaré Olivo, dijo el tigre.
Así podrás ver todos los veranos.
Endurecer tu corteza, resistir al granizo.
Ser casa de hormigas viajeras, las mejores.
Tendrás en tus ramas sed de cielo.
En tu tronco acogerás la impaciencia
de quien siempre espera por un hijo.
Serás la vida que se queda.
*
Hay un deseo sigiloso sobre esta tierra dura.
Hay escamas esparcidas como un manto.
Alzan crestas hacia el sol que las curte.
Las fisuras minan el gesto doliente. Es piel.
En lo más profundo, por piedad de ti, lo callado se disipa.
*
Los pies sangran. Las manos tienen líneas diminutas.
Todas bermejas, sutiles, fluyen. La espalda al filo duele.
Cada una de estas partes no se pertenecen.
En jadeos ocultan su parentesco. Truenan las rodillas.
Las hebras caen, las pestañas, las uñas se rebanan.
Cada una forma parte de otra sed.
*
Barquera tropieza con un olvido áspero.
Apenas la posee comienza a escurrir.
Algo se mueve dentro del olvido.
Como si el pico de un cuco quebrara una cáscara.
Como si al luchar brotara lo que estuvo muerto.
Cada día Barquera imagina un silencio.
Como puede, se amarra a la nada de su sombra.
*
Barquera oscurece lento frente a la piedra.
Se hunde en el recuerdo del viaje.
Polvea ají forote sobre las larvas de su herida.
Mientras se revuelca en el picor, mira.
Ha regresado del dolor pero no ha vencido.
*
Hay un campo acostado al pie de este viaducto.
Sombras de cuerpos audaces, sin ternura.
Una palabra final se detuvo en las bocas marmóreas.
El miedo se comprime en los vientres.
El terreno se ha minado de seres indefensos.
Nadie se conduele de una luciérnaga yerta.
*
Hay rascacielos que vuelan en desbandada.
Hombres guerreros saltan desde sus balcones.
Han llegado a morir y no lo saben.
Sucumbir es ya una vieja costumbre de los días.
La vida les regala apenas un misterio antes de caer.
*
Lucha por estar lejos de su sombra.
Se empeña por escapar de la brisa que alivia el jadeo.
Nada más terrible que la deuda inmerecida
de seguir en un sitio que no calza.
En vez de perdón pide un metro de llanto.
*
Hay días animales, días lluvia. Hay días silencio.
Días garganta, días rodilla, días corazón presuroso.
Hay días grito, días lágrima. Hay días desesperado canto.
Días sombra, días pájaros, días muerte, días jaula.
Hay días invierno, días blanco, días frío, días vacío.
Días mentira, días cuerpo inocente, días herida perpetua.
Hay días piedra, días noche infinita, días sal, días asombro.
Días odio, días ira, días venganza, días cuchillo filoso.
Hay días ceibo cortado, días pájaro muerto, días incendio.
Días carroña, días pezuña, días chamiza, días arroyo seco.
Pero los peores son los días temblor, son los días muerte.
Los días polvo, los días nunca, los días cuerpo caído.
*
Los hermanos vinieron por la noche.
Frente a la puerta delataron sus pisadas.
Uno de ellos arrastraba un animal desfallecido.
Se supo por el rastro de una garra pequeña.
Y porque el canto del pájaro en el alba fue más dulce.
De Cuerpo quebrado lumbre (selección a cargo de Marisa Martínez Pérsico)

