
Còncava i convexa
Clara Comas Barenys
Tigres de Papel y Genialogías, Madrid, 2025.
III Premio Internacional de Poesía Marta Agudo 2024.
La gravidez del agua
Por Marisa Bello
Còncava i convexa, obra ganadora del Premio Internacional de Poesía “Marta Agudo” 2024, es el primer poemario de Clara Comas Barenys. El galardón, convocado por la asociación feminista de mujeres poetas Genialogías, tiene como objeto dar a conocer la obra de escritoras inéditas a través de la publicación de la obra premiada, ofreciendo visibilidad a textos que, de otro modo, tal vez nunca llegaran a ver la luz. El jurado destacó en su fallo “la coherencia estructural del libro, escrito originalmente en catalán y con traducción al castellano, por la belleza de sus imágenes y lo pertinente de su temática”. Y así es esta obra, hermosa en su profundidad y compleja en su temática.
El libro, editado por Tigres de Papel en versión bilingüe con traducción de la propia autora, está escrito con un estilo sencillo y nada alambicado: la claridad en el lenguaje, de fácil comprensión y acorde con ese tono de belleza lenta pero implacable, redunda no solo en la honestidad del texto -en su densidad y fortaleza- sino que, además, contribuye a la cohesión entre fondo y forma que acompaña a todo el poemario.
En su debut literario, la voz y el universo interior de la poeta catalana nos conduce por 116 páginas estructuradas en dos partes: Alai y Marcel. Alai, nombre de uno de los tres hijos no nacidos, inaugura el texto abordando la experiencia de la pérdida de los embarazos inconclusos, y después Marcel da título a una segunda parte donde finalmente llega el hijo cumplido y ansiado. De este modo, a través de Alai y Marcel, visitamos, de la mano de la poeta, el interior de las pérdidas y la posterior ilusión recobrada. Un viaje de ida al horizonte repetido desde lo corpóreo, atravesando insistente la superficie del cuerpo y su experiencia de vaciado.
Abrir la primera página de Còncava i convexa de Clara Comas Barenys es abrirse a una cadencia de brisa y marea que se apropia de nosotros desde la enunciación del agua grávida, la exterior del mar y la interior del cuerpo; lugares ambos de intimidad y creación de vida en la que sumergirnos, aun sintiendo la posibilidad inminente del ahogo, también a partir de ese momento de apertura.
Así resulta su ofrecimiento, una oscilación entre el vaivén del sentido y el no-sentido, entre la transparencia y la ocultación del dolor, entre la oportunidad y el riesgo: ponerle nombre o nombrar la muerte, tal y como recogen sus versos:
Li havíem posat nom, vaig dir.
I va arribar aquell gest,
i aquella frase:
només són quatre cèl·lules. (p. 20)
[Le habíamos puesto nombre, dije./ Y llegó ese gesto,/ y esa frase:/ solo son cuatro células.] (p. 21)
Desde el primer contacto, Còncava i convexa nos mueve, lo intuimos al conectar con su respiración inicial. Inhala y exhala con suavidad, como el gesto primero de un recién nacido, creando así un puente orgánico de entraña entre los dos espacios: el de dentro que es útero, es vientre y garganta, y el externo que le rodea.
Esa conexión arranca con la pulsión de la poeta: entregarse al interior del hueco, representado por el mar como lugar de encuentro y desaparición, porque el agua es lugar de la vida, pero también del abandono ante la pérdida.
De esta manera, con un propósito expresamente ambiguo, o quizá no tanto, cierra el tercer poema de Còncava i convexa:
Faig el mort
per si el mar m’arrossega
fins allà on és ell. (p. 16)
[Hago el muerto/ por si el mar/ me arrastra hasta él.” (p. 17)
Y también así podríamos definir la propuesta implícita de Clara Comas Barenys, la de dejarnos llevar por la oscilación del mar gestante, entregadas a su deriva cuando el dolor nos arrastra y la marea no es más que una incógnita. Todos sabemos del descanso sobre el mar dejándonos llevar a sabiendas del riesgo de alejarnos de la orilla.
A lo largo de todos y cada uno de los poemas, la poeta traza un recorrido entre la sinuosidad de ambas curvas, la cóncava y la convexa, formando una esfera grávida partida en dos que es cuerpo y geografía, y por cuyos meandros nos invita a transitar como si de un sendero en la superficie del agua, lugar en el que confluyen los opuestos, se tratara:
Vaig conèixer aquella part convexa del ventre
que no a totes ens arriba.
La mort i la llum dins meu,
convivint,
com les dues cares de la lluna. (p. 12)
[Conocí esa parte convexa del vientre/ que no a todas nos llega./ La muerte y la luz/ dentro de mí,/ como las dos caras de la luna.] (p. 13)
Los poemas, fechados con el avance de los días, se subrayan con localizaciones diversas que enmarcan e intensifican esta atmósfera de ondas, contribuyendo a un balanceo enmarcado por el sol y la cadencia mediterránea. Pero no solo está la luz y el agua, también se suman otros elementos propios de la vivencia: estribos, ecógrafos, quirófanos, reposos… dentro de enclaves que confieren al poemario una cartografía médica, familiar, de viajes o soledad en los que se escenifican las malas noticias, los tiempos de expulsión, los silencios del ecógrafo, el cansancio de las clínicas y los pensamientos que sobrevienen al cuerpo y dicen:
Hi ha una carretera llarga
plena d’embarassos avançant-te per la dreta (…) (p. 44)
[Hay una carretera larga/ llena de embarazos adelantándote por la derecha (…)] (p. 45)
Y dice:
(…) si només fos silenci
l’úter no ploraria notes roges. (p. 38)
[(…) si fuera tan solo silencio/ no lloraría el útero notas rojas.] (p. 39)
Con el vaivén propuesto, alcanzamos la segunda parte de la obra: otro mar, el amniótico, donde se gesta la vida y desde el que desembocará Marcel. La convexidad anunciada y el alumbramiento de la paciencia y, con él, la vuelta de la piel, el bombeo y otros términos afloran con la llegada del hijo. Esos versos que reflejan la mirada en el ascenso, en la panorámica azul de sus dos sílabas (Mar/cel), definen la línea en la que se sitúa el futuro.
Marcel
és un nom que es diu mirant
de baix a dalt,
i tot ell és blau.
***
Té dues síl·labes,
només separades per l’horitzó. (p. 64)
[Marcel/ es un nombre que se dice mirando/ de abajo a arriba,/ y es todo azul. ***/ Tiene dos sílabas,/ separadas tan solo por el horizonte.] (p. 65)
Y el volteo en esa curva se hace palabra de nuevo, asumiendo su origen:
Els extrems de la corba
són l’únic que resta intacte,
com la comissura dels llavis
en el pas del somriure al plor. (p. 100)
[Los extremos de la curva/ son lo único que permanece,/ así la comisura de los labios/ al pasar del llanto a la sonrisa.] (p. 101)
Tras este deambular acuático, Còncava i convexa concluye con un poema a modo de broche, inundando desde la oquedad hasta el aire pleno; así la poeta da asiento y sentido a todas las playas y las huellas que en ellas se quedaron:
Ets la dona que acull,
còncava i convexa.
Ara hi ha un sol recorregut possible,
el del teu ventre. (p. 108)
[Eres la mujer que acoge,/ cóncava y convexa.// Ahora hay un solo recorrido posible,/ el de tu vientre.] (p. 109)
Ojalá este vientre propuesto por Clara Comas Barenys siga abierto y continuemos caminando acogidos por la curvatura plena, posible y honesta de su poesía, sea cual sea su dirección.

